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Espacio de Comunicacion de los Trabajadores en Lucha. Informacion de Primera mano.

Respondiendole a Ginés

Terroristas?

25 de Agosto, 2005, 10:43

Por @ 25 de Agosto, 2005, 10:43 en Respondiendole a Ginés
Boletín Electrónico de noticias y actividades de la AEDD Nro 128
Asociación de ex Detenidos Desaparecidos
Buenos Aires, Argentina

 
¿TERRORISTAS?
 
Los sobrevivientes de los campos de concentración, tortura y exterminio que funcionaron en nuestro país durante la última dictadura militar repudiamos enérgicamente los dichos del Ministro de Salud Ginés González respecto de los trabajadores del Hospital Garraham que reclaman un salario igual al valor de la canasta familiar.
 
El Ministro sabe que pagar menos es violar los derechos humanos más elementales.
 
El Ministro no ignora que acusar de terroristas a trabajadores que defienden sus derechos con el legítimo recurso de hacer huelga, es retomar el discurso utilizado desde el Estado hace treinta años atrás para justificar la persecución, secuestro, tortura, asesinato y desaparición de todo opositor, de todo aquel que pensara diferente.
 
El propio Gobierno y su Ministro de Salud respondieron airada y acertadamente a Monseñor Baseotto cuando éste -mucho más sutilmente que el Ministro ahora- recordó los métodos de exterminio de la dictadura como justo castigo a los disidentes.
 
El pueblo ya sufrió -y nosotros, en carne propia- las consecuencias de ese discurso.
 
No solo queremos a los genocidas de ayer en la cárcel, también reivindicamos la lucha por una vida digna, por terminar con el genocidio planificado y silencioso de pobres, excluidos e indigentes.
 
 
 
 
                                      Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos



Buenos Aires, Argentina

 
¿TERRORISTAS?
 
Los sobrevivientes de los campos de concentración, tortura y exterminio que funcionaron en nuestro país durante la última dictadura militar repudiamos enérgicamente los dichos del Ministro de Salud Ginés González respecto de los trabajadores del Hospital Garraham que reclaman un salario igual al valor de la canasta familiar.
 
El Ministro sabe que pagar menos es violar los derechos humanos más elementales.
 
El Ministro no ignora que acusar de terroristas a trabajadores que defienden sus derechos con el legítimo recurso de hacer huelga, es retomar el discurso utilizado desde el Estado hace treinta años atrás para justificar la persecución, secuestro, tortura, asesinato y desaparición de todo opositor, de todo aquel que pensara diferente.
 
El propio Gobierno y su Ministro de Salud respondieron airada y acertadamente a Monseñor Baseotto cuando éste -mucho más sutilmente que el Ministro ahora- recordó los métodos de exterminio de la dictadura como justo castigo a los disidentes.
 
El pueblo ya sufrió -y nosotros, en carne propia- las consecuencias de ese discurso.
 
No solo queremos a los genocidas de ayer en la cárcel, también reivindicamos la lucha por una vida digna, por terminar con el genocidio planificado y silencioso de pobres, excluidos e indigentes.
 
 
 
 
                                      Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos



¿Quién es el terrorista?

14 de Agosto, 2005, 9:09

Por @ 14 de Agosto, 2005, 9:09 en Respondiendole a Ginés

¿Quién es el terrorista?

Autor: Gonzalo Moyano (gonzaloeme@gmail.com)

Probablemente con un retraso vergonzoso, desde poco después del 11 de setiembre de 2001 (y la retailación que Bush impuso al mundo), suele escucharse en las calles y leerse en sus paredes la reiterada frase:

Bush Fascista!

Vos sos el terrorista!

Aunque debe haber poca gente de bien que no lo crea, debo reafirmarlo dado que EEUU no es un Estado Terrorista desde hace pocos años, claro. Pero además esta afirmación responde a una realidad dura y violenta: quien más declama su "denuncia" del terrorismo suele ser quien más lo practica. Y quienes comparten el podio son sus aliados. Solo luego de una enorme distancia podrían aparecer, luego, quienes son los acusados por Bush y Compañía, considerando que – además – suelen ser aliados o ex (¿?) aliados de los mismos líderes terroristas: el temible grupo G-8.

Además del terrorismo que mata, Bush y sus secuaces han logrado cooptar a alcahuetes de diversas características, por lo que cualquier acusación a musulmanes, chicanos, trabajadores, gente humilde, portadores de cara, etc, puede suficiente para ser discriminado, o poner en riesgo la vida, o hasta ser candidato a obtener un pasaje directo a Guantánamo. Peor que eso es ser acusado de terrorista por Bush, por Blair o por sus esbirros, uno de sus resultados recientes fue la condena a muerte por falta de visa y portación de cara o de un abrigo inadecuado a lo que un energúmeno armado por el Estado crea que debe ser.

Salvando las distancias y las circunstancias, en cualquier lado debe ser grave ser acusado livianamente de terrorista, y más en estos tiempos; pero en Argentina esa acusación suma sensaciones y riesgos terribles a los dichos, como revolver en la herida espantosa del terrorismo de Estado, que se amparaba –antes que ninguna otra cosa- en la ignominiosa impunidad que el poder impone. Y no puede olvidarse que este tipo de denuncias livianas, muchas veces fueron el prólogo de medidas represivas que fueron desde las amenazas a la misma desaparición forzada. Los fantasmas no son tan caprichosos: si no quedaran aun horribles huellas de la impunidad, el dolor sería aun muy grande, pero no este dolor que hoy todavía nos lacera.

El ministro de Salud debería saber de estas cosas, ya que deviene de relaciones fluidas con quienes aportaron datos y colaboraron con el terrorismo de Estado. Su historia está ligada a Lorenzo Miguel y otros popes del sindicalismo colaboracionista, y sus fotos recientes abrazado con Luis Barrionuevo es un gráfico documento de su vigencia. Eso es de una evidencia que rompe los ojos, así como su relación histórica con el duhaldismo, con el exaltador del terrorismo de Estado y propagandizador de la mano dura que aun es diputado, herr Karlos Ruckauf y su amigo José Rodríguez. No podemos, no debemos olvidar que ambos están implicados –entre otras cuestiones- en la entrega -para su desaparición- de toda la comisión interna de Mercedes Benz, motivo por el cual Rodríguez perdió su puesto en la FITIM (Federación Internacional de Trabajadores de la Industria Metalúrgica) pero Ruckauf solo debió enfrentar escarches en su casa y en las presentaciones en las sesiones judiciales relacionadas con esta (y otras) causas.

Pero GGG mantiene una relación más que privilegiada con la prensa y aun con buena parte de la opinión pública (probablemente buena parte de esa buena parte de la segunda se deba a la primera, y la primera "deba" buena parte al método por el cual el oficialismo logra ser halagado al margen de las inequidades que sostiene y alienta). Mientras Granovsky suena para dirigir TELAM y Página/12 comentó menos la muerte de su gran columnista exiliado en cyberia -Julio Nudler- que Ámbito Financiero, la prensa otrora contestataria está cooptada mientras se entrega la salud con mucha menos discusión que la que entregó la economía en épocas del tandem furioso Menem-Cavallo.

Es interesante como GGG ha logrado empezar su gestión (y esto no es una ironía) con la pierna DERECHA. El día que comenzó (ver Página/12 del 10 de Enero de 2002), un cronista le preguntaba si iba a apostar a la producción pública de medicamentos (tal como la calle clamaba) y éste dijo que no, ya que la Industria Farmacéutica (IF) (v.g: los laboratorios privados) tenían una excelente calidad. Ella no es ni era superior a la de Brasil, que ha sabido enfrentar de un modo mucho más racional (desde tiempos del neoliberal Fernando Enrique Cardozo, y aun antes) los monopolios farmacéuticos. Casualmente, puede que sea con Lula que esta construcción de muchos años se pueda caer (ha removido su actual moderado ministro de salud, con incierto panorama).

Pero la historia de GGG tiene más de una faceta: su amistad con Lorenzo Miguel le permitió servir de nexo entre el cafierismo de los "80 y el menemismo-duhaldismo ascendente luego de la derrota de la cafieradora de esa época (recodemos que Miguel apoyaba a Cafiero hasta que este perdió la interna, y se pasó con todo y contactos al menemismo). Este proyecto (el de Cafiero, Antonio) tenía –diría- una excepción que lo superaba ampliamente en el entonces ministro de salud de la Provincia, el Dr. Floreal Ferrara. Desde ese lugar, Ferrara libró una dura, desigual, tal vez temeraria y con errores lucha contra varias corporaciones, a saber: la corporación médica, la de los sanatorios y clínicas de la Provincia, la de la IF, la de la industria de la cesárea, etc. Quien esto escribe tiene por demostrado que todas fueron batallas duras y con altas probabilidades de ser derrotado, pero la más grave no fue con ninguna de ellas sino la que hubo de librar con los punteros peronistas de cada distrito, centralmente ligados al aparato, sobre todo en su imbricación con los municipios. La salud, entendida como lo hacía Ferrara, implementada con el Plan de Atención Primaria que impulsó, tendía a cuestionar los poderes locales. Quien reemplazó a Ferrara en el cargo de ministro (y fue a la vez bombero de la inestabilidad que Ferrara provocó a sabiendas del terreno fangoso que exploraba, y agente del armisticio entre Antonio Cafiero y Menem-Duhalde) fue nada menos que GGG. Allí se vanagloria de la pedorra medida que implementó como un primer ensayo de la mentirosa (no por su nombre sincero sino por su uso espurio) de la Ley de Prescripción por Nombre Genérico (que GGG sabe y tiene escrito aunque abjure de su producción) que no es lo mismo que hablar de Medicamentos Genéricos. Eso y un poco útil (para los pacientes) y engorroso Vademécum de IOMA fue lo que más hizo de "bueno" en su gestión en la Provincia. De malo, destruir la tarea acometida contra viento y marea por Ferrara, que sí tiene un lugar en esa historia que no escriben los que ganan. GGG fue –precisamente- el viento y la marea que volvió a fojas cero lo construido en un veloz semestre de 1989. Su aporte a la "salud" no fue solo eso, sino el debut franco y abierto de las políticas del Banco Mundial, un poco esbozadas por Alfonsín –a nivel nacional- con poco éxito. A partir de 1990 implementó –en un útil avant-la-lètre del documento que el BM elaborara en 1992, esto es: el sincero Invertir en Salud, un manual de cómo exprimir a los pobres para hacer negocios con sus enfermedades. Su mayor logro fue introducir los llamados "Hospitales de Auto(di)gestión", y el que tuvo el honor de ser el primero fue el de San Nicolás, dirigido por el inefable Passaglia, compadre de GGG del barrio de sus primeros goles y actual esbirro de sus políticas en el cargo que supo lucir en la malhadada provincia de Buenos Aires, como Ministro de cualquier cosa menos salud, tal como él ejerce a nivel nacional, y con similares mañas (de medio pelo, en un abúlico nivel provincial) (1)  Es decir, si alguien

hizo un servicio inigualable de ensayo para las políticas dictadas por el BM en Argentina, ese fue GGG y si alguien le sirvió de lacayo para ejecutarlo fue su fiel vasallo Passaglia.

Y esos méritos son los que hoy lo acreditan en tan buen alumno como lo fue Cavallo en otro ámbito, con un poder aun mayor para encantar serpientes, dado que las críticas son mucho menores a la del conspicuo calvo, en una época de mayor desprestigio mediático del neoliberalismo. Quien aplica las políticas suele tener que ser mucho menos confeso que el tándem antecesor: Menem-Cavallo.

Pero en el área que nos ocupa, la peligrosidad actual es aun mayor que la de aquel dúo, dado que ahora avanza sobre lo que Cavallo no pudo, sobre todo porque Maza (ministro de salud en esa época) era malo pero inútil. Qué hubiera dado Cavallo por contar con un gerente de los negocios de la enfermedad como es GGG! Hoy, el presidente Uribe está comprobando las dulzuras que el actual ministro de salud de México, Julio Frenk supo diseñar para Colombia en los tempranos "90, y las consecuencias son un 40% de población sin cobertura y el reciente cierre sucesivo de 7 hospitales. Todo un record (en el doble sentido de la palabra). Esa política no es ni más ni menos que la que GGG está pugnando por imponer en Argentina (eso es exactamente el Plan Federal de Salud, un plan bancomunidalista que gira hacia el subsidio a la demanda y financia los prestadores privados), y no por casualidad (además de tener un maestro en macartismo como lo fue el Loro) usa el mismo lenguaje que Bush exige a Uribe.

Pero si bien esto es notoriamente ignorado por la prensa (a pesar de evidencias que rompen los ojos, pero que nadie quiere explicitar: los ámbitos de debate serios sobre salud están cuasi prohibidos, y episodios como el que le tocó sufrir al Presidente de Pediatría Ambulatoria, Dr. Emilio Boggiano, el año pasado, no han merecido ni una mención en la prensa (2)) es más ruidoso el silencio sobre la política de

medicamentos. El propio GGG y su equipo de "investigación" en ese remedo de Pitman de alto gasto que es el boliche que regentea en la calle Venezuela (y de donde salen funcionarios y auditores, casi en partes iguales), tiene publicado estudios sobre lo que debería hacerse en ese rubro. En particular, en la desaparecida revista científica Cuadernos Médico Sociales(3), su investigador jefe y ex jefe de gabinete y

ex responsable del Programa Remediar, hace una revisión de no menos de 14 estrategias para el sector. La política actual está mencionada en un lugar subalterno y calificada como poco útil en sí misma, sobre todo si no está acompañada de otros métodos que controlen el precio, dado que en un sistema de ganancia en la venta de medicamentos en el cual los farmacéuticos la obtienen como porcentaje del monto de venta, esperar que expendan el medicamento más barato es un sueño. Además explica que esta "estrategia" debe hacerse cumpliendo con la instrumentación de técnicas que garanticen la bioquivalencia y la biodisponibilidad de los fármacos, técnicas que el Ministerio y su Agencia de Control (ANMAT) se niegan a implementar, así como la política de Medicamentos Básicos Esenciales, que también omite impulsar. Estas alternativas son dadas como indispensables para una política seria por los mismos que hoy la escatiman, lo que califica como consideran la propia política que sostienen. Esto se publicó en la década pasada, y acredita la experiencia que GGG logró con su mediocre intervención en la Provincia de Buenos Aires. Además está en el contexto de analizar otras políticas mucho más efectivas, más estructurales, y más racionales: hace un pormenorizado análisis de políticas de medicamentos eficaces, ninguna de ellas impulsadas por ellos a su arribo al Ministerio. Lamentablemente esto sí establecería un conflicto que él sobreactúa pero que no enfrenta con los verdaderos monopolios de la Industria Farmacéutica. Y esto GGG no pretende hacerlo, claro. Baste saber (y se sabe y se ignora a la vez) que los precios altísimos de los medicamentos han seguido su escalada (como el ex jefe de gabinete de GGG preveía en su mencionado estudio escrito tres años antes de ser funcionario), las ventas de la IF han retomado el alza, sus ganancias son cada vez mayores, el país se ha endeudado más (260 millones de dólares, ver www.fmed.uba.ar/depto/ddhh) sin dejar capacidad instalada, y los pobres pagan más por su salud y mucho más por sus medicamentos, como el propio ministerio lo confiesa (ver la página Web del Ministerio): el decil más rico paga el 4,1% de sus gastos en salud en medicamentos, mientras el decil más pobre debe pagar un 80% de lo que le cuesta la salud en medicamentos. Más caros, más tarde, más grave, más inequitativo, más vergonzoso. Y GGG más orondo.

Mientras tanto la salud en Argentina se viene abajo. Los índices de Mortalidad Infantil lo demuestran, pero además es sabido que las inequidades en este país cumplen el doble efecto de amortiguar los extremos y someter a los menos agraciados. O sea: estos índices muestran algo grave, pero lo que ocultan es peor. Argentina avanza, cada día, hacia ser el país que más inequidad construye en el continente más inequitativo del mundo. El día 31 de julio, el diputado Bonasso dijo que tan luego en la ciudad de Buenos Aires, la región norte de ella exhibe cifras "dignas" de Ámsterdam y su región sur las "(in) dignas" o propias de Chaco. Así se construyen promedios mentirosos pero aunque pobres, mediáticamente aceptables para mediocres, alimentados, además, por las cifras increíbles de Santiago del Estero (de Juárez) y de Tucumán, que en épocas de 2002, con la desnutrición extrema que se mostró por TV, mentía diciendo que la mortalidad infantil (MI) estaba "bajando" (ver informe de MI del Minsterio de salud de 2003). De todas maneras la MI es hoy superior (el doble y hasta el triple) de países que hace 50 años duplicaban los índices de Argentina. Hoy el Ministerio avanza diciendo que mueren un puñado de niñas y niños menos que en ese año. Y eso solo muestra muertes; quienes no mueren tampoco están bien, con los índices de desnutrición, de parasitosis, chagas, tuberculosis, VIH, etc. De estadísticas tan poco confiables, aunque fuera veraz muestra una inequidad que solo puede conformar a los ignorantes o a quienes se benefician por la situación, sin descartar a quienes compartan ambas categorías. Tan indigno es este estado de cosas que han osado reemplazar el concepto "muerte evitable" por "muerte reducible". Como si la vergüenza fuera a disminuir diciendo que la muerte se "reduce". Un lactante que fallece antes de cumplir un año no puede "reducir" su muerte, salvo en las conciencias de quien no quiere hacerse cargo de los hechos. Este niño o esta niña, muere en su totalidad. La muerte que no se evita se produce. La muerte evitable que ocurre tiene responsables. Increíblemente es más fácil de ver responsabilidades en quien conduce en forma poco cuidadosa un auto y mata a un peatón. Qué se diría del conductor que mata diariamente a más dos decenas de personas y se alegra cuando "redujo" su record en un 10%. Esas son las muertes reducibles del Ministerio de Salud. Que se lo cuente a las madres que lloran a sus hijos. Por estas razones la justicia encuentra culpables de "dolo eventual" a un conductor y no se mete con funcionarios con poder.

Contrariamente a lo que la prensa y la opinión pública por ella construida sostiene, la corrupción no es el problema más importante de estos sectores, salvo por ser facilitadora de políticas contranatura. Es mucho más sencillo encontrar gente honesta que acepte trabajar por un sueldo digno en políticas populares con beneficio para la población, que encontrar esa misma gente honesta que se dedique a implementar políticas impopulares y neoliberales. O son neoliberales convencidos (y hay pocos o ninguno éticamente irreprochables; el neoliberalismo es éticamente reprochable) o son funcionarios multiservicio, que para esa tarea sucia necesitan incentivos. Pero además el neoliberalismo (y mucho más en salud, y en áreas como ecología, etc.) es en sí negocio: las políticas populares generan beneficio para la población; no suelen favorecer negocios en sí. Los funcionarios que las sostienen se sienten satisfechos con ese beneficio que producen: favorecer a la población. Los funcionarios multiuso del neoliberalismo no solo aceptan políticas con las que ven y constatan daños que ellos no sufren ni les importa; además ven correr el dinero que éstas producen, por lo cual no tardan nada en reclamar su parte de la mordida. La satisfacción no puede ser otra que los beneficios económicos personales.

Así está estructurada la salud. Las políticas que producen salud marginan los beneficios de los negocios de la enfermedad, de la contaminación, de los problemas de salud ocupacional. Para implementarlas hace falta gente que no le interese el lucro sino las causas populares, por lo cual hay líneas divisorias fáciles de evidenciar. Por ello GGG no tolera las luchas de los trabajadores ni de los que piensan en beneficio de la gente. Hay 14 provincias con conflictos en el área de la salud. Todas incluyen en ellos a los trabajadores del Estado y en sus reclamos incluyen otro manejo de la salud. Las más importantes son la provincia de Neuquén (donde Sobisch ha adelantado lo que GGG intenta hacer a nivel nacional, destruyendo políticas de Estado en salud que llevan décadas), la de Buenos Aires (con el "concurso" del pupilo de GGG ya mencionado) y la característica de haber logrado que las pocas responsabilidades que el Ministerio tiene en forma directa (en cuanto a efectores) también están en conflicto: el Hospital Garrahan, el Posadas y el Instituto Malbrán. Todos estos conflictos también denuncian manejos contrarios a la salud de la población que devienen por lo menos del principio del menemismo. La receta de GGG es neoliberalismo puro. En el Garrahan ya estuvo claro (los directores del próximo Congreso de Cardiología pediátrica, que ocurrirá en Octubre ya lo aclararon) que las demoras de las cirugías producen muerte o trastornos crónicos injustos y además caros. Las demoras son en un contexto en que por derecha los turnos se dan para dentro de un año y medio Y ESE ES UNO DE LOS MOTIVOS POR LOS CUALES LOS TRABAJADORES HACE DOS AÑOS QUE ESTÁN RECLAMANDO PERSONAL Y EQUIPOS PARA YUGULAR ESAS DEMORAS. Y el Ministro que dice que sobran médicos (que o están desocupados o están sobreocupados) no habilita mejores recursos para resolver operaciones que salvan vidas. Antes que eso echa la culpa a los trabajadores que reclaman desde hace años y son conducidos al conflicto por la sordera de las autoridades que tienen el ojo y el bolsillo puesto en los negocios que la crisis producirá. Uno (solo uno de ellos) es que las operaciones que GGG se niega a resolver salen 60 veces más caras en EEUU. No hacerlas cuesta vidas o enfermedades que cuesta mucho dinero sostener. No fabricar medicamentos para el Chagas trae innumerables problemas a los niños y las niñas que hoy se enfermen. No producir tuberculostáticos producirá aumento de tuberculosis multirresistente. El país tiene capacidad para resolver todos estos problemas pero eso no rinde lo que rendiría si se cumplen las recetas del Banco Mundial. Por eso se alienta los conflictos y se acusa de trotskista, de zurdo o de terrorista a quien se opone al negocio.

Hay que volver a repetir: solo viendo lo más obvio y doloroso mueren cada 30" un niño o niña menor de un año por razones fácil (y baratamente) evitables. Razones que se evitan en Cuba, en Costa Rica, en Chile, incluso en Uruguay, para hablar de todos países que tenían mayor MI y ahora están mejor que Argentina. Se puede discutir el caso de Chile, pero ninguno de los otros es más rico que Argentina.

No voy a responder la pregunta del título. Dejaré que el lector lo haga. Solo diré dos cosas más:

1)      los trabajadores no son precisamente terroristas sanitarios y su lucha incluye resolver los problemas de la pésima salud que tiene Argentina.

2)      En un país como este no puede seguir siendo impune ni el negocio de la enfermedad (contra la salud) ni acusaciones como las que GGG perpetra. No vaya a ser cosa que algún comedido tome la iniciativa como lo hizo el que baleó a Pino Solanas o los que mataron a Cabezas. Que son de la escuela de los más grandes terroristas que son los del terrorismo de Estado. Y están más cerca de ellos quienes manejan los hilos del poder del Estado. Una frase resume esta idea: dice Juan Gelman (que algo, dolorosamente, sabe) que:

 La impunidad es la continuidad del Terrorismo de Estado por otros medios

Basta de Impunidad



(1) Daría para mucho el modo en que estas políticas dañan aun la salud de la gente. Bastaría recordar la sonrisa de Passaglia soñando tener en su hospital de antaño una población "cautiva" de obreros de Acindar, sin percatarse que a poco su sueño despertó no solo en una cuenta impagable de la UOM –al desmantelar los servicios, Miguel mandaba a sus obreros al hospital pero no se hacía cargo de sus gastos: al fin y al cabo el hospital es público- sino la oleada de despidos que produjeron en la zona las políticas de flexibilización laboral. Esa sonrisa, vaya uno a saber por qué, me recuerdan a la canción de Serrat, cuando menciona al que sonrió con razón "como lo hacen los bobos sin ella". Tal vez Passaglia se creía fuera del grupo que Serrat menciona en segundo lugar. Pobre.

(2) El año pasado, el Dr. Boggiano inauguraba el Congreso de Pediatría Ambulatoria, en la Sociedad Argentina de Pediatría. Tenía a su lado al Ministro, que no pudo soportar escuchar un simple diagnóstico de la situación de salud en el país. Tapó el micrófono (Dios y su mano nos libre de escuchar sus improperios) y se dedicó a insultar a Boggiano, sobre todo repitiendo lo que más sabe hacer: acusar como el Loro le enseñó, de zurdo. Que un ministro se "saque" de la forma que GGG lo hizo no consiguió ni una línea en TVR ni en CQC, ni siquiera en Tinelli, para no hablar de los programas serios que reciben propaganda oficial por decir cosas serias.

(3) Ver Cuadernos Médico Sociales, nº 80, pp. 67-90: Estrategias económicas y financiamiento del medicamento. Tovar, Federico y Godoy Garraza, Lucas.

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